Suena raro, pero 2026 es el mejor verano para los festivales independientes británicos desde antes de la pandemia según la información de The Guardian. Van 20 cancelaciones, frente a las 43 del año pasado y las 78 de 2024. La cifra engaña, porque desde 2020 han cerrado más de 250 festivales y quedan unos 600 en pie. Womad Glasgow cayó por una venta de entradas muy floja, Red Rooster entró en liquidación y Where It All Began se pospuso tras recaudar 180.000 libras en crowdfunding, porque seguir adelante significaba perder hasta 80.000.
El problema no es la taquilla, es el margen. Un promotor independiente compromete casi todo el coste once meses antes del evento y luego reza por vender. Antes esa horquilla daba aire para absorber los sobrecostes; ahora no. El caché de los cabezas de cartel ha subido entre un 60% y un 70% en cinco o seis años, asumible para AEG o Live Nation y letal para el resto. Y que Wireless, propiedad de Live Nation, acabara cancelando su edición de Londres por el cabeza de cartel —Ye, con el visado bloqueado— demuestra que ni los gigantes están exentos.




