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Lionel Richie presentó el 11 de junio cuatro solicitudes ante la oficina de marcas estadounidense (USPTO) para registrar el sonido de su voz pronunciando frases de sus canciones, entre ellas el reconocible arranque de «Hello», a nombre de la sociedad RichLion Holdings y en modalidad intent-to-use (sin uso comercial todavía). En Abril ya comentamos en SFTL, la solicitud de Taylor Swift sobre su «Hey, it’s Taylor», la lectura era que la artista con más músculo legal del sector exploraba una vía nueva. Dos meses después, con Richie, McConaughey y Jimmy Kimmel utilizando la misma estrategia, parece que se va a convertir en tendencia para quien puede pagarla.

La lógica de fondo es la misma que apuntábamos entonces. El copyright no protege una voz y los derechos de imagen en EE.UU. funcionan estado por estado, así que la marca ofrece la cobertura federal uniforme y retirada rápida en plataformas. La ley pensada para este problema, la NO FAKES Act, se reintrodujo el 20 de mayo por tercera vez tras encallar dos veces en comisión, de modo que el vacío que empuja a los artistas hacia las marcas sigue intacto.

Lo que la pieza de abril dejaba abierto y ahora se concreta es el punto débil de la estrategia. Un sonido solo se admite como marca si funciona como identificador de origen (que el oyente lo asocie a un producto o servicio, no solo a una canción famosa), y la USPTO exigirá esa prueba. La ley de marcas blinda logos y sintonías corporativas, no personalidades. Los artistas no esperan al Congreso y reconvierten la herramienta que tienen a mano, pero es probable que el propio filtro de la oficina marque hasta dónde puede estirarse el parche.

Borja Martin

Marketing & PR en SFTL

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