Los llamados “Epstein files” han vuelto a colocar a la industria musical en una posición incómoda por dos vías distintas, pero conectadas por el mismo hilo: poder, dinero y reputación. Por un lado, los documentos incluyen correos de 2015 donde se presenta la reventa masiva de entradas como una inversión millonaria con márgenes altísimos, tratando el ticket como un activo especulativo. Por otro, esa misma publicación ha puesto en el punto de mira a Casey Wasserman, CEO de Wasserman Music (y chairman de LA 2028), tras salir a la luz correspondencia con Ghislaine Maxwell, asociada de Jeffrey Epstein, hasta el punto de que varios artistas se han ido de la agencia de management y la presión pública ya se está notando dentro del roster.
El negocio de la reventa está organizado y mueve mucho dinero
Los archivos de Epstein revelan correos de 2015 donde se pichea la reventa masiva como inversión millonaria con márgenes altísimos. La reventa lleva años siendo el elefante en la sala del directo, pero esta semana han coincidido dos noticias que lo retratan con claridad: cuando las entradas se convierten en producto de inversión, el valor extra no va al show (ni a artistas, ni a promotores, ni a salas), sino a intermediarios y capital empresarial fuera de la industria que especulan con un bien escaso.
En este contexto, la reventa vuelve a aparecer como lo que es: un mercado secundario donde el precio final lo decide quien acapara inventario, y el acceso deja de depender de ser fan y pasa a depender de poder pagar la subasta. Y por eso propuestas como la de California —limitar la reventa al 10% sobre el valor nominal en conciertos, teatro y comedia— intentan frenar el binomio clásico del mercado secundario: bots + compra masiva + sobreprecios.
Pero lo verdaderamente revelador de los “Epstein files” no es solo el “qué”, sino el “cómo” se vende el scalping cuando se presenta ante grandes fortunas: documentos judiciales publicados estos días incluyen correos de 2015 en los que Kevin Law (ex directivo de Universal) y Joe Meli (ex agente de industria y condenado por fraude de entradas) presentaban a Jeffrey Epstein una operación de compra y reventa masiva de entradas buscando 30 millones de dólares de inversión, con ejemplos de tickets comprados a 200 dólares y revendidos al triple del precio en eventos de alta demanda. Los documentos no prueban que Epstein invirtiera, pero sí muestran cómo se pichea la reventa como rentabilidad “financiera” sobre giras y festivales.
Ejemplos
- Fare Thee Well (Grateful Dead, 2015): afirman comprar ~7.500 entradas a unos 200$ (≈1,5M$) y venderlas por ≈4,5M$ (media 600$). Es decir, triplicar el precio y generar ≈3M$ de margen bruto.
- Dead & Company (otoño 2015): hablan de compras millonarias en entradas y reventas con sobreprecio. En la documentación periodística también se señala un punto llamativo: la supuesta compra masiva antes del anuncio público de la gira, algo que abre preguntas obvias sobre cómo se accede a inventario con esa anticipación.
- Coachella: el pitch menciona compras de pases por 1.000$ y reventas por 2.200$ (≈+120%).
Y aquí está el punto clave para entender por qué la industria llevamos diciendo basta tantos años: el dinero extra del sobreprecio rara vez vuelve al directo. No paga mejores condiciones, no baja riesgos, no mejora producción y no paga los cachés cada vez más inflados. Y, además, añade nuevas problemáticas: mayor daño económico y un daño reputacional y confianza (para el fan, “alguien” le ha fallado… y casi siempre apunta al artista/promotor).
Fugas de artistas en una de las agencias de representación más grandes del mundo
La segunda derivada es reputacional, pero con impacto directo en el negocio. Chappell Roan ha roto con Wasserman Music tras la publicación de documentos del Department of Justice que muestran correspondencia entre el CEO Casey Wasserman (también chairman de LA 2028) y Ghislaine Maxwell, asociada de Jeffrey Epstein. Wasserman no está acusado de ninguna ilegalidad, pero la polémica ya está provocando salidas y presión pública dentro del roster y entre agentes.
En conjunto, el retrato es difícil de ignorar: mientras el ticket se convierte en un activo especulativo y ciertos márgenes se capturan fuera del directo, la industria también lidia con el impacto reputacional de quién ocupa posiciones de poder en sus estructuras corporativas.
Foto de Levi Meir Clancy en Unsplash





