Casi cinco años de demanda y a Cleveland «Clevie» Browne y a los herederos de «Steely» Johnson se les acaba de caer el argumento con el que pensaban cobrar de casi 2.000 canciones. Despacito y Tití Me Preguntó incluidas.
La demanda ha tenido más recorrido del que muchos pensábamos y es que hace un mes, el juez André Birotte Jr. consideraba que ambas partes habían presentado argumentos creíbles, debiendo ser, por tanto, un jurado el que debiera decidir si Steely y Clevie eran los creadores del dembow, y padres del reguetón, con la consecuente compensación económica.
Parecía que el pescado estaba ya vendido: la escena urbana temblaba y Stephen Doniger, abogado de los demandantes, se frotaba las manos declarando «Es difícil imaginar cómo un jurado podría considerar que el ritmo dembow no es una obra original y protegible, dada la evidencia irrefutable de que está compuesto por siete elementos distintos combinados de una manera que nadie ha encontrado en ninguna obra anterior a ‘Fish Market’ de nuestros clientes. Dicho esto, no tenemos ninguna duda de que un jurado desenmascarará los argumentos de los demandados y esperamos con interés los próximos pasos en este caso».
No obstante, en un giro de acontecimientos, el juez André Birotte Jr. se ha desdicho a si mismo tras la presión del equipo legal de la superestrella del género, Bad Bunny y ha dictado que los demandantes no habían «identificado concretamente qué canción protegida contenía la selección y el arreglo supuestamente protegibles en su integridad». Lo que hicieron, fue reconstruirlo juntando fragmentos de distintas obras, un trozo de “Fish Market” por aquí, otro de otra grabación por allá. En esencia, toda una creación con una finalidad litigiosa para sostener su reclamación.
Parece que los tribunales de EE.UU llevan una buena racha cerrando puertas a quien acusa de plagio a grandes éxitos, como ya hicieran con el caso de Ed Sheeran frente a los herederos de Marvin Gaye o Led Zeppelin.
Que nadie cante victoria aún, pues no se ha declarado libre el dembow. Y, aunque esta demanda no tiene más recorrido, siguen vivas las reclamaciones sobre las grabaciones, teniendo las partes 30 días para volver a sentarse.
De momento, el ritmo que sostiene al reggaetón sigue sin dueño. Y con cientos de millones sobre la mesa, no era una pelea menor.




