Un jurado de Las Vegas ha declarado culpable de asesinato en primer grado a Duane “Keffe D” Davis por la muerte de Tupac Shakur en 1996, convirtiéndose en la primera condena del caso. La Fiscalía nunca sostuvo que Davis fuera quien disparó, sino que organizó la represalia y proporcionó el arma utilizada después de que Tupac y su entorno se enfrentaran horas antes con Orlando “Baby Lane” Anderson, sobrino de Davis.
Lo extraordinario está en las pruebas utilizadas contra él. Con casi todos los ocupantes del coche fallecidos, la acusación se apoyó en las propias declaraciones que Davis hizo años después. Primero, en una entrevista policial de 2008 bajo una proffer session, un marco que impedía utilizar directamente contra él lo que declarase, pero que no le otorgaba inmunidad frente a un procesamiento posterior. Después, en su libro Compton Street Legend (2019), donde volvió a contar la misma historia ya sin esa protección. Durante años, Davis siguió relatando su participación en libros y entrevistas de pago. Pero la protección vinculada a su declaración de 2008 no se extendía a lo que después decidiera contar públicamente y de forma voluntaria. Su defensa trató de excluir esas declaraciones del proceso, pero no lo consiguió y llevó la disputa hasta el Tribunal Supremo de Nevada.
Además, el asesinato no prescribe en Nevada, así que el paso de tres décadas nunca fue un obstáculo legal, sino probatorio. Ahora Davis se enfrenta a cadena perpetua. La sentencia se dicta en octubre y ya ha anunciado que recurrirá.




