El mercado de bonos respaldados por royalties musicales ha pasado de ser una rareza financiera (los famosos Bowie Bonds de 1997) a convertirse en una pieza importante del negocio de catálogos. Según KBRA, desde 2020 ha calificado 12.900 millones de dólares en emisiones de este tipo, más del triple que en 2023.
Este fenómeno es una segunda derivada del boom de la compraventa de catálogos. Después de años en los que fondos, sellos y editoriales han pagado grandes sumas por derechos musicales, ahora esos catálogos también se usan como garantía para conseguir financiación. Es decir, no solo se compran y venden canciones, también se “hipotecan” sus ingresos futuros para levantar dinero hoy.
La operación permite conseguir liquidez sin vender directamente el catálogo, pero también deja una parte de sus ingresos futuros comprometida para devolver deuda. Si el catálogo genera menos de lo previsto, el riesgo también alcanza a los inversores, que pueden cobrar menos o con más dificultad. Por eso, aunque KBRA espera estabilidad en las calificaciones, también prevé que las nuevas emisiones caigan un 25% en 2026 por la concentración del sector debido a las grandes compras como BMG-Concord, Primary Wave-Kobalt o Sony-Recognition/Hipgnosis que pueden llevar esos catálogos a plataformas más grandes y reducir la necesidad de acudir a este tipo de financiación.




