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Fender ha mandado un cease-and-desist a PRS por la Silver Sky, la guitarra que la marca diseñó para John Mayer. La noticia la destapó el Wall Street Journal y PRS ha respondido que «discrepa de la valoración de Fender», que está «al corriente e investigando» y poco más. Visto desde fuera, parece una pelea de fabricantes de guitarras. Visto desde dentro del derecho de marcas, es una de las disputas de propiedad intelectual más interesantes que ha dado la industria del instrumento en años, y plantea una pregunta que va mucho más allá de las guitarras: ¿hasta dónde puede una marca reclamar la propiedad de una forma que el mercado entero lleva décadas tratando como categoría?

De un clon chino a la guitarra de John Mayer

El origen de todo está en la estrategia fallida de Fender de registrar a principios las formas de los cuerpos de sus guitarras y bajos (Stratocaster, Telecaster y P-Bass) como marcas de los 2000. Tras una batalla legal que duró varios años, se sentenció que dichas formas se habían convertido ya en elementos tan comunes en la industria que eran ya considerados genéricos.

No obstante, una sentencia alemana les ha dado un nuevo enfoque estratégico. En marzo de 2026, el Tribunal Regional de Düsseldorf falló a favor de Fender en un caso contra Yiwu Philharmonic, un fabricante chino que vendía clones de la Stratocaster por AliExpress dentro de la Unión Europea. El tribunal reconoció la silueta de la Strat como «obra de arte aplicado» protegible bajo el derecho alemán y europeo. Fender, a través del despacho Bird & Bird, ha presentado el fallo como un precedente con alcance internacional.

Conviene apuntar un matiz que en muchas crónicas pasa de largo, y es que se trata de una rebeldía procesal. Yiwu ni siquiera compareció para defenderse. Un fallo en el que la otra parte no litiga tiene, como precedente, mucho menos recorrido que una sentencia ganada en un juicio contradictorio, con peritos y prueba de por medio. Es algo a tener en cuenta antes de dar por hecho que estamos ante una victoria definitiva.

Con esa resolución en la mano, Fender empezó a repartir cartas. Las primeras fueron a parar a talleres pequeños del llamado mercado «S-style». El primero en hacerlo público fue LsL Instruments, una empresa familiar de California que ha tenido que abrir una campaña de financiación porque, según explican, defenderse del caso pone en riesgo su continuidad. Algunas de esas cartas, según lo publicado, no se quedan en pedir que se detenga la producción, sino que llegan a exigir la retirada del mercado europeo de las guitarras ya vendidas y la destrucción del stock. La que recibió PRS llegó el 28 de mayo.

PRS no es un taller cualquiera, y ese es precisamente el problema. La Silver Sky salió al mercado en 2018, cuatro años después de que Mayer rompiera con Fender en 2014, y se diseñó por completo alrededor de su forma de tocar y de sus preferencias. No es un clon oportunista que aparece para aprovechar el tirón de la Strat, sino un producto que existe en buena medida porque uno de los artistas más reconocibles de la propia Fender decidió marcharse.

De ahí que la jugada le funcione regular a Fender, sobre todo en términos de imagen. Ir, ocho años después, a por la guitarra que nació de la marcha de tu propia estrella resulta complicado de defender como simple protección de un diseño, y se presta a leerse como un intento de quitarse de encima a un competidor molesto. Y la Silver Sky no es un competidor menor… según datos de Reverb, en 2022 y 2023 llegó a vender más que la propia Stratocaster. De hecho, Paul Reed Smith, fundador de PRS, es un reputado constructor de guitarras que ha trabajado con infinidad de artistas, como Santana, Mark Tremonti o Ed Sheeran.

Sabedora del revuelo, Fender hizo pública una aclaración en la que asegura que no va contra todas las guitarras de doble cutaway, sino solo contra las copias cercanas que reproducen el diseño exacto de la Strat. El problema es que ni Fender ni Bird & Bird han llegado a concretar qué rasgos definen ese diseño Stratocaster, de modo que una promesa de no perseguir lo que no sea copia exacta, pero sin explicar qué es exactamente una copia, deja a casi todo el mundo en la misma incertidumbre que antes.

El precedente de Gibson, con matices

Mientras Fender intenta blindar la forma de la Strat, a Gibson le acaba de ocurrir justo lo contrario con un diseño igual de emblemático, y ese contraste es el que aporta perspectiva.

En el largo pleito que enfrentaba a Gibson con Dean (a través de su matriz, Armadillo), un jurado de Texas declaró genérica la forma del cuerpo de la ES desde 1996, y en febrero de 2026 el juez Amos L. Mazzant denegó a Gibson la opción de recurrir esa parte del fallo, con lo que la decisión queda firme. El argumento que pesó fue que peritos de las dos partes reconocieron que innumerables fabricantes han usado esa forma a lo largo de las décadas. Cuando una forma se generaliza hasta ese punto, el público deja de asociarla a una sola marca, y al perder esa función distintiva pierde también la protección. Gibson conservó la V, la Explorer y la SG, pero se quedó sin la ES.

El paralelismo con Fender resulta tentador, aunque hay que manejarlo con cuidado y no equiparar lo que no es del todo equiparable. El caso de Gibson es estadounidense, se mueve en el terreno de las marcas y de la genericidad, y se resolvió en un juicio con jurado y prueba pericial. El de Fender es europeo, se apoya en el derecho de autor y en la figura de la obra de arte aplicado, y de momento se ha resuelto en rebeldía. Son regímenes distintos y jurisdicciones distintas.

Con todo, el fondo del asunto es muy parecido, y es justo el flanco más débil de Fender. El argumento que tumbó la ES de Gibson, esto es, que medio sector lleva setenta años fabricando esa silueta y que el público ya no la identifica con una única marca, es el mismo que cualquier demandado con recursos para pelear va a poner sobre la mesa frente a Fender en cuanto haya un juicio contradictorio de verdad. La forma de doble cutaway tipo «S» lleva mucho tiempo siendo una categoría de mercado por sí misma. Si esa generalización bastó para tumbar a Gibson en Estados Unidos, no es disparatado pensar que pueda complicarle las cosas a Fender el día en que alguien con capacidad para ello, y PRS la tiene, decida litigar a fondo en lugar de cerrar un acuerdo.

Lo que está en juego aquí no es una guitarra. Es el límite de lo que una marca puede patrimonializar cuando su propio éxito ha convertido su diseño en lenguaje común de toda una industria. cómo una estrategia legal debe enfocarse desde varios prismas, a nivel marcario y también de derechos de autor y propiedad intelectual.

Borja Martin

Marketing & PR en SFTL

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