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Inteligencia artificial, derechos póstumos y el canto de cisne de los Fab Four.

Parece que este año no hemos oído hablar más que de la inteligencia artificial y de todas las incógnitas que trae. Por supuesto, el mundo del arte y de la música no es ajeno a estas inquietudes, ¿qué régimen jurídico tienen las obras creadas por inteligencia artificial? ¿son obras si no provienen de la mente humana? ¿pueden sustituir el ingenio humano?

Los agoreros ven en la IA una amenaza real a los intereses de los creadores, y temen que sus meritorios esfuerzos sean sustituidos por una máquina que pueda llegar a dominar la industria, como si de Skynet se tratase, pero yo digo, esperen a ver qué hace Paul McCartney con ella. Un artista que se ha caracterizado siempre por probar todas las herramientas a su alcance para ver qué utilidad le brindan para crear canciones, seguro puede aprovechar el inmenso potencial de esta tecnología para esta finalidad.

Y es que lo que llevaba meses rumoreándose se ha confirmado apenas unos días atrás, los Beatles publican un último tema. Pero, antes de que salten las alarmas y se piense que McCartney (Macca), en un ejercicio de senilidad o ingenuidad, ha tratado de replicar el talento de John Lennon y de George Harrison con IA, venimos a contar qué está pasando realmente.

A finales de los años noventa, veía la luz un proyecto centrado en la historia de The Beatles, la famosa Antología, con un documental, un libro y tres álbumes, que incluían muchas tomas alternativas de estudio, grabaciones caseras, demos del grupo y dos canciones inéditas Free as a bird y Real Love. Estas canciones eran unas grabaciones que Lennon había realizado entre 1977 y 1980 y que nunca había llegado a terminar, habiéndose limitado a guardarlas en una cinta con el título “Para Paul”, viendo que, tras varios años, la dupla Lennon & McCartney por fin había recuperado su fuerte amistad. Tristemente, todos sabemos que no volvieron a escribir música juntos.

Pero cuando Yoko entregó esa cinta a Macca para el proyecto antológico, los tres restantes de Liverpool se juntaron, las completaron, y añadieron sus partes a las cintas originales de Lennon para sacar estos dos temas. Había, no obstante, una tercera obra, Now and Then o I Don’t Want to Lose You en la que, tras dedicarle varias jornadas de trabajo, desistieron, principalmente por la insistencia de Harrison, debido a que la cinta de esa canción estaba muy deteriorada y no se podía utilizar al igual que las otras. Esa canción se quedó en el limbo, convirtiéndose en algo mítico que muchos no pensábamos podríamos escuchar.

Hasta ahora.

McCartney, aprovechando los avances de Peter Jackson para el magnífico documental Get Back, y utilizando la inteligencia artificial ha conseguido “limpiar” o eliminar los defectos o impurezas de la demo original de Lennon, para poder añadir sobre ésta, parte del trabajo que habían realizado los Fab Four (Three) en los noventa, concretamente la slide guitar de Harrison (con el permiso de su viuda Olivia), una nueva toma de batería de Ringo, y letras y voces adicionales, guitarras y pianos de McCartney. Se incluyen unos arreglos escritos por Giles Martin, lo más parecido al productor de los Beatles, George Martin. Todo es poco para el último tema de los de Liverpool.

Y, ¿qué pasa con los derechos de Lennon? ¿Acaso puedes publicar obras una vez fallecido? La respuesta es sí. Entre los derechos morales de los autores se encuentra el de decidir si su obra ha de ser divulgada y en qué forma, y este derecho podrá ser ejercido por la persona natural o jurídica a la que el autor se lo haya confiado expresamente por disposición de última voluntad o, en su defecto, sus herederos. Por lo que, habiendo dejado las cintas con el mensaje “For Paul” y siendo entregadas por Yoko Ono, esposa de Lennon, con la aquiescencia de sus dos hijos, Sean y Julian, a McCartney y Harrison, y que, viene firmada por los cuatro, al haber aportaciones originales de todos ellos, (curiosamente, ésta y Free as a bird son las únicas con estos créditos), sí, pueden publicar esta canción.

Inevitablemente, una canción nueva de los Beatles más de cincuenta años después de su separación no va a estar exenta de polémica o críticas. Al fin y al cabo, los Beatles son el grupo que más ha hecho en menos tiempo y que pararon a tiempo, manteniendo una discografía impoluta y revolucionaria, no permitiendo que el tiempo fuera mermando la calidad de sus nuevos lanzamientos, como si ha sucedido con casi todos los demás grupos. Posiblemente sea mejor dejar estas cosas estar. Hay miedo a que esto se convierta en costumbre y se utilice la IA para completar demos del grupo que fueron descartadas por todos los miembros y se trate de revivir la marca más rentable de la música pop, pero eso podría suceder con cualquier otra cosa o artista. La IA puede tratar de hacer un cuadro de Picasso, un poema de Lorca o un concierto de piano de Mozart.

La IA viene cargada de muchos riesgos, pero, al igual que toda tecnología, depende enteramente de las manos y la finalidad que la utiliza. Es innegable que nos abre un mundo de posibilidades casi ilimitado y que puede tratar de imitar o emular obras de otros creadores, pero en opinión de quien estas líneas escribe, no podrá nunca acercarse a la genialidad de algunos grandes artistas y creadores, como los ejemplos antes mencionados o los propios Beatles. Y, por el momento, nos ha permitido tener la última palabra de The Beatles en la música. Un privilegio atender al estreno de su canto de cisne.

Escribe: Santiago Bernal Cueto, Legal & Music Business Affairs de SFTL.

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