Un nuevo estudio de Her Frequency, publicado por The Collective, el área de consultoría centrada en mujeres de THE TEAM, pone cifras al peso de las mujeres dentro de la música en vivo. El informe, basado en casi 15.000 respuestas en 12 países, confirma algo relevante para promotores, marcas y festivales: las mujeres no son solo una parte central del público, también tienen una enorme influencia en las decisiones de consumo que rodean a conciertos y festivales.
El dato más llamativo es que el 83% de las mujeres asistentes participa en decisiones vinculadas a la experiencia del evento. Pero aquí conviene ir con cuidado. Traducir esto como “las mujeres organizan mejor” sería caer en un cliché bastante problemático. No hablamos de una cualidad natural ni de una virtud esencialmente femenina, sino de un comportamiento atravesado por cultura, hábitos sociales y, muchas veces, por una distribución desigual de la carga de organización.
No es que “ellas organicen”: es que muchas veces se les ha colocado ahí
Aquí conviene ser críticos. Que muchas mujeres participen en la organización del plan no significa que “sean más organizadas” por naturaleza, sino que culturalmente se les ha asignado muchas veces ese papel: coordinar, anticiparse, cuidar los detalles y hacer que la experiencia funcione para el grupo.
Por eso, el interés del informe está en reconocer que tienen un papel central en la forma en que se construye valor alrededor del directo. Son audiencia, consumidoras, prescriptoras, compradoras y generadoras de contexto social. Y eso tiene consecuencias económicas muy claras.
El gasto no está solo en la entrada
Según el estudio, el 65% de las mujeres acude a eventos de música en vivo para compartir experiencias con otras personas. Además, más de la mitad gasta al menos 100 dólares adicionales por evento, un 29% supera los 200 dólares y un 11% llega a gastar más de 500 dólares, sumando transporte, hostelería, merchandising, comida, bebida o experiencias premium.
El informe también señala que el 86% estaría dispuesta a gastar más si la experiencia resulta fluida, inmersiva y satisfactoria. Es un dato importante porque desplaza la conversación desde la pura venta de entradas hacia todo lo que ocurre alrededor: accesos, seguridad, comodidad, movilidad, servicios, espacios de descanso, oferta gastronómica, baños, señalización, atención al público o percepción de cuidado.
Las marcas tienen margen, pero no vale cualquier presencia
Otro dato relevante es que el 94% de las mujeres encuestadas muestra apertura hacia la presencia de marcas en conciertos y festivales. Ahora bien, esa apertura no significa barra libre para meter logos sin sentido. El 42% quiere que las marcas ayuden a crear experiencias compartidas, lo que apunta a una idea bastante clara: la marca aporta cuando mejora el evento, no cuando interrumpe o coloniza la experiencia.
Para patrocinadores y festivales, la lectura debería ser menos “cómo vendemos más a las mujeres” y más “cómo diseñamos experiencias que no ignoren sus necesidades reales”. Porque si una parte tan importante del público está tomando decisiones de asistencia, gasto y recomendación, entender sus expectativas no es una acción de nicho ni una campaña de diversidad superficial. Es estrategia de negocio.
La oportunidad está en diseñar mejor
La conclusión más interesante del informe es que las mujeres ya están generando valor en toda la cadena del directo. Pero el reto está en cómo se cuenta y cómo se usa ese dato. Si la industria lo reduce a “ellas organizan, ellas compran, ellas arrastran al grupo”, se queda en una lectura cómoda (y machista). Si lo interpreta como una señal para diseñar eventos más seguros, accesibles, compartibles y pensados desde la experiencia completa, entonces sí puede abrir una oportunidad real.





