Fair Play es una iniciativa nacida en Berlín que busca mejorar el flujo de royalties de los creadores. En un estudio alertan que que solo el 28% de las tarifas que pagan los clubs británicos por derechos de autor se reparten bien, y que más de 5,7 millones de libras al año se desvían a artistas que no son los que realmente se pinchan en cabina. Además, el 82% de los agentes de la industria valora el estado actual de la recaudación y reparto de derechos en la electrónica como pobre o muy pobre; solo un 4% lo ve bueno o excelente.
Para un club medio que paga 20.000 £ al año en licencias PRS/PPL, el desglose es:
- 4.200 £ (21%) en administración;
- 5.688 £ (28,4%) para los artistas realmente pinchados;
- 10.112 £ (50,6%) acaban en bolsillos equivocados.
El problema está en que las entidades de gestión usan proxies (radio, muestreos, extrapolaciones) en lugar de tracklists reales: con tecnología de reconocimiento musical la precisión subiría al 90%, pero apenas el 7% de los clubs en la usan, y solo el 5% de los DJs envía listas de temas.
Otro de los problemas es la lentitud y fallos en los registros de obras por parte de creadores, managers y editoriales. La consecuencia es que muchos clubs y escenas underground terminan financiando a los artistas mainstream que sí aparecen en radio y tienen sus obras bien registradas, aunque no suenen en esos locales.
Foto de Sam van Bussel en Unsplash




