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El regreso de BTS a los escenarios está teniendo un efecto que va mucho más allá de la música ya que, ante sus próximos conciertos en Busan, algunos hoteles habrían llegado a multiplicar por 10 o incluso por 20 sus tarifas habituales, provocando cientos de quejas por cancelaciones de reservas y subidas abusivas de precios. La respuesta del Gobierno surcoreano ha sido proponer un sistema más duro de control antes de grandes eventos culturales y deportivos, con registro previo de tarifas máximas, sanciones para alojamientos que incumplan lo anunciado y compensaciones de hasta el 200% cuando se cancelen reservas para revenderlas más caras.

El caso confirma hasta qué punto los grandes conciertos se han convertido en motores de turismo y consumo, pero también en una fuente de tensiones para las ciudades que los acogen. Corea del Sur quiere proteger ese valor estratégico sin permitir que el fan se convierta en víctima del propio boom. Porque cuando un show puede llenar estadios, disparar la ocupación hotelera y mover cifras récord en turismo cultural, la pregunta ya no es solo cuánto genera la música en vivo, sino cómo se reparte ese impacto y quién paga los excesos.

Imagen de portada: Divine Treasure

Eva Pozo

Community Manager

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