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El terror, el ocultismo y la estética macabra han estado tradicionalmente asociados al rock y al heavy metal, con artistas como Alice Cooper, Rob Zombie o Ghost como algunos de sus referentes más reconocibles. Pero resulta especialmente interesante cómo estos códigos también han encontrado espacio en propuestas actuales de rap y trap, donde las referencias góticas, vampíricas o satánicas conviven con la moda, la cultura de internet y sonidos muy alejados del metal.

Playboi Carti y Metrika son dos ejemplos de cómo ese imaginario puede formar parte de una identidad artística que trasciende las canciones. Aunque sus propuestas son diferentes, ambos han desarrollado universos visuales reconocibles que juegan con la oscuridad y la provocación. Y en un mercado saturado de lanzamientos, estas decisiones creativas también tienen implicaciones para el marketing musical.

El terror ya tenía su sitio en el hiphop

Aunque pueda parecer una tendencia reciente, el rap lleva décadas explorando su lado más oscuro. A finales de los ochenta y durante los noventa se desarrolló el horrorcore, una corriente del hiphop caracterizada por letras macabras, relatos violentos, referencias sobrenaturales y atmósferas inquietantes. Grupos como Geto Boys, Gravediggaz o Three 6 Mafia fueron algunos de sus principales referentes, aunque sus propuestas no siempre encajaban exactamente en la misma etiqueta. 

Este antecedente demuestra que el terror no llegó al hiphop como una simple influencia del metal. Lo interesante de algunos artistas actuales no es que hayan introducido estos códigos en el rap, sino cómo los han reinterpretado en un contexto donde la música, la moda y la cultura digital están cada vez más conectadas.

Playboi Carti y Opium, una estética que también pertenece a sus seguidores

Playboi Carti es uno de los ejemplos más reconocibles de esta evolución. Con Whole Lotta Red (2020), el rapero estadounidense consolidó una transformación visual y musical. Adquirió un sonido más agresivo y experimental, con sintetizadores distorsionados, bajos saturados y una interpretación vocal que incorporaba gritos y registros extremos. Esa energía, cercana por momentos al punk, encajaba con las referencias vampíricas y góticas de su nueva identidad artística, representada por su personaje King Vamp.

Esa propuesta terminó extendiéndose más allá de Carti, en su sello discográfico Opium, reúne a artistas como Ken Carson y Destroy Lonely, que han desarrollado sus propias versiones de ese sonido, con producciones electrónicas intensas, distorsiones y una energía especialmente pensada para el directo. Aunque no todos hacen exactamente la misma música, comparten suficientes referencias sonoras y visuales como para que el público identifique una escena alrededor del sello.

Además, esa conexión también se manifiesta en la estética donde la ropa negra, las referencias góticas, las influencias del punk y la moda de diseñadores como Rick Owens forman parte de un imaginario que sus seguidores también reproducen. Como recoge Teen Vogue en una entrevista a Ken Carson, determinados códigos de vestimenta asociados a Opium se han extendido entre sus fans, convirtiéndose en una manera de expresar su vinculación con estos artistas.

Desde el punto de vista del marketing musical, lo relevante es que Carti ha conseguido desarrollar una identidad en la que sonido, imagen y comunidad se refuerzan mutuamente. Su influencia también ha contribuido a popularizar una manera de producir, interpretar y experimentar el rap que otros artistas han reinterpretado. Opium permite observar cómo esa combinación puede trascender una carrera individual y convertirse en un lenguaje compartido por una escena.

Metrika y la provocación como identidad artística

En España, Metrika ofrece otro ejemplo de cómo el imaginario del terror puede trasladarse tanto a la música como a la construcción de un personaje artístico. Junto a su productor habitual, D.Basto, ha desarrollado una propuesta que combina trap, electrónica y sonidos agresivos con referencias a la brujería, el satanismo y la religión. En Madre Fundadora (2024)aparecen elementos industriales y hard techno, mientras que Neofita (2025) incorpora influencias del hardcore y el vogue. Este último trabajo cierra una trilogía construida alrededor de un imaginario oscuro, con referencias a sectas, vampiros y rituales que aparecen tanto en las letras como en su identidad visual.

Uno de los aspectos más interesantes de su propuesta es cómo combina ese universo macabro con una feminidad deliberadamente exagerada. Esta contradicción se hace especialmente visible en Jane Doe in the Dream House (2026), donde la estética negra y roja de sus trabajos anteriores da paso al rosa y las referencias a Barbie y Monster High. El propio título contrapone la expresión utilizada en Estados Unidos para referirse a una mujer cuya identidad se desconoce con la casa de ensueño de Barbie. El resultado es una combinación de símbolos asociados a la inocencia, la sexualidad y la muerte que mantiene las referencias oscuras de sus trabajos anteriores, pero las presenta desde otro imaginario.

La provocación también adquiere otra dimensión cuando se analiza desde la representación femenina en el rap y el trap. Metrika utiliza letras sexualmente explícitas, agresividad y referencias satánicas, elementos que no son nuevos en estos géneros, pero que adquieren otros significados cuando se combinan con una feminidad exagerada. Durante sus comienzos en las batallas de rap, no sentía que la tomaran en serio por ser mujer. Su personaje artístico puede leerse, en ese contexto, como una forma de apropiarse de códigos que históricamente han tenido una presencia destacada en el rap masculino y utilizarlos para construir una representación femenina que no busca resultar complaciente.

Esa identidad también ha generado códigos reconocibles entre sus seguidores. Metrika ha observado cómo algunas fans comenzaban a adoptar elementos de su estética. Esa identificación entre artista y público demuestra que los códigos de su personaje han comenzado a circular también fuera de su propia propuesta musical.

El terror como identidad musical

Desde el horrorcore de los noventa hasta las propuestas actuales de Playboi Carti y Metrika, el terror ha encontrado distintas formas de expresión dentro del rap. No existe una única manera de trasladarlo a la música: puede aparecer en producciones agresivas y distorsionadas, en letras que recurren al ocultismo o en personajes que combinan referencias macabras con códigos estéticos aparentemente opuestos.

Lo interesante de estos casos es que el terror no funciona como un simple elemento decorativo. En Carti, las referencias vampíricas y la energía punk forman parte de un universo que también ha influido en el sonido y la imagen de otros artistas de Opium. En Metrika, el imaginario satánico convive con distintas influencias musicales y una representación de la feminidad que juega con las convenciones del rap y el trap.

Para la industria musical, ambos ejemplos muestran que una identidad artística no se construye únicamente a través de la imagen o de las campañas de promoción, sino también mediante las decisiones musicales y los códigos culturales que rodean a un proyecto. El terror es, en estos casos, uno de los recursos que permiten conectar todos esos elementos.

Eva Pozo

Community Manager

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