Spotify ya permite conocer los créditos completos de músicos ejecutantes, productores, ingenieros de grabación, mezcla, mastering y demás personas que participan en el proceso creativo de una canción.
Durante años, los metadatos han sido el Talón de Aquiles de la industria musical en el mundo digital. Con catálogos cada vez más extensos y con un ecosistema distribuido entre distribuidoras, sellos, sociedades de gestión colectiva y plataformas de streaming, asegurar que cada persona involucrada en una grabación esté correctamente acreditada se ha convertido en un desafío que impacta directamente en los ingresos de los artistas.
En este contexto, Spotify tradicionalmente incluía algunos créditos de forma limitada: artistas, escritores y productores, generando grandes confusiones sobre este último al no poder diferenciar el rol específico o tipo de productor del cual se trata pero para entender esto rebobinemos un poco.
Para que una canción grabada o como se le conoce en el medio, un fonograma, llegue a materializarse se requiere de un universo que comprende a autores, escritores, intérpretes, músicos de sesión, coristas, ingenieros de sonido, técnicos de audio, mánagers, abogados, camarógrafos, diseñadores, productores, distribuidores y un sinfín de personas que aportan desde cada una de sus áreas. Más allá de la figura del Label Copy, un archivo diseñado para documentar los créditos de quienes participan en una grabación, dentro de los años en que dominó la venta física de la industria discográfica, podíamos encontrar esta información dentro del librillo o el arte del disco.

Con la información de los créditos que aparece incluida en los discos, las entidades de gestión colectiva como SGAE, AIE o AGEDI se nutren para poder recaudar y saber a quién realizar el pago de las regalías obtenidas por la explotación comercial de cada canción. Sin embargo, con el paso del tiempo, la entrada del streaming, el ritmo de lanzamientos dirigido principalmente a singles en formato digital y la imposibilidad de contar con dicha información disponible en los DSP’s como Spotify, Deezer, Amazon y Apple Music entre otros, hizo que poco a poco se dificultara el cobro de regalías para quienes más allá del artista principal y su sello también les corresponde una participación sobre los ingresos del fonograma.
Poco a poco algunas plataformas como Tidal (lanzado en 2017) comenzaron a ofrecer la visibilidad de créditos ampliados dentro de ellas. Ahora bien, la aparición de los créditos depende tanto de la empresa de streaming como de las distribuidoras ya que no todas presentan la opción de incluir roles ampliados en la metadata, al punto que, para Spotify siendo líder en el mercado, se trata de una novedad cerrando el año 2025.
¿Entonces ahora podemos incluir cualquier rol o crédito que se nos ocurra?
La respuesta inicial es no. Aunque existe una infinidad de roles para escoger, no podemos inventar alguno como «Creative Wizard» o «Guitarrista Espiritual», ya que los créditos admitidos se encuentran estandarizados por la DDEX (Digital Data Exchange) y podremos encontrar algunos como:
- Artista principal
- Artista invitado / featured
- Productor* (Musical, ejecutivo, vocal, etc…)
- Compositor
- Letrista
- Ingeniero de grabación
- Ingeniero de mezcla
- Ingeniero de mastering
- Programador
- Arreglista
- Editor
- Vocalista adicional / background vocals
- Músico ejecutante (guitarra, bajo, batería, teclados, percusión menor, etc…)
- Coros
- Director musical
- Orquestador
- Asistente
Por ahora parecen distribuirse dentro de las categorías:
- Artista
- Intérpretes
- Composición y arreglos
- Producción e ingeniería
Sin embargo, puede que poco a poco integren créditos nuevos como a&r, managers, diseñadores de portada, abogados, entre otros.
Con esta actualización abrimos el camino para dirimir una problemática general en la industria musical, delimitar el concepto de «Productor» dentro de una canción. Aún a día de hoy muchas veces no se entiende la diferencia entre un productor musical y el productor fonográfico o si cualquier persona que haya asistido de forma técnica con un área específica (grabación de voces, orquesta, guitarras, etc…) se le podría atribuir la cualidad de productor, algo que, más allá del apartado moral y el reconocimiento, la definición correcta le otorga derechos distintos atendiendo al tipo de productor del cual se trate, como bien dispone el segundo aparte del artículo 114 de la Ley de Propiedad Intelectual:
2. Es productor de un fonograma la persona natural o jurídica bajo cuya iniciativa y responsabilidad se realiza por primera vez la mencionada fijación. Si dicha operación se efectúa en el seno de una empresa, el titular de ésta será considerado productor del fonograma
Cuando en la ley se menciona al productor del fonograma en realidad se trata de una ficción jurídica que en la práctica se traduce como un rol ejecutivo. Normalmente quien financia el desarrollo de una fijación sonora, usualmente sellos discográficos o los propios artistas cuando trabajan de forma independiente. Por otra parte el productor musical tiende a ser más bien un prestador de servicio en torno a la canción y bajo el encargo del productor fonográfico, pero con frecuencia, es probable que algunos de estos roles se entremezclen los unos a los otros y no sea necesario precisarlos a través de un contrato o como mínimo el label copy con la data del disco para el momento en que se envía a distribución.
Por los momentos este cambio aún no se encuentra disponible en la aplicación web ni de escritorio pero si contamos con ella en los dispositivos móviles. Podemos ver algunos ejemplos con los lanzamientos recientes de Rosalía y Taylor Swift:



Más allá de la experiencia nueva que esta actualización pueda significar para el usuario, incluyendo SongDNA como la explicación a la reciente compra de WhoSampled de la cual os hablamos hace poco, estas opciones plantean dar cara a plataformas como Muso y Jaxsta que se habían consolidado como alternativa para la acreditación de participación dentro de una producción para distintos escenarios como una posible nominación ante los Grammy.
Mientras que a través de SongDNA permitirán poder identificar cuáles canciones cuentan con samples de otras o cuántas veces y en donde se ha sampleado un fonograma, con el sistema de verificación a través del Spotify for Artists y la inclusión de los créditos ampliados, Spotify busca convertirse en el estándar del mercado para la acreditación detrás de cada tema, garantizando así una mayor transparencia y trazabilidad para el posterior cobro de regalías por parte de las entidades de gestión colectiva, los distribuidores y sellos discográficos pero también buscando evitar la fuga de artistas y suscriptores ofreciendo un ecosistema más completo y cerrado.
La metadata precisa es un requisito indispensable para poder monetizar y si esta es incorrecta, ni los compositores ni los intérpretes y mucho menos los ejecutantes cobrarán lo que les corresponde. Esta función a su vez facilitará el trabajo de las entidades de gestión colectiva que se encuentran conectadas en distintos países a través de sus contratos de reciprocidad, generando un efecto dominó o reacción en cadena que permitirá que la data y el reparto sean más confiables.
Tras estos cambios, podremos acercarnos un poco más hacia un mercado más justo para quienes forman parte del ecosistema creativo de una canción o quizás, sólo quizás, abriremos la puerta hacia una nueva era de reclamos masivos gracias al acceso a información con la que antes no se contaba.
Foto de Cezar Sampaio en Unsplash




