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La salida de Macklemore de la gira de Ed Sheeran abre una cuestión más allá de la polémica política. Sheeran ha explicado que el contrato del rapero era con la promotora Messina Touring Group y que fueron varios recintos los que comunicaron que no celebrarían los conciertos si Macklemore continuaba en el cartel. En el caso de Gillette Stadium, su propietario Robert Kraft confirmó públicamente que no permitiría su actuación.

La clave legal está, por tanto, en los contratos. Habría que conocer qué capacidad tenían el promotor y cada recinto para rechazar a un artista y qué contemplaban las cláusulas sobre conducta, reputación, aprobación del cartel o cancelación. En un estadio privado como Gillette, además, la Primera Enmienda estadounidense no garantiza por sí sola el derecho de un artista a utilizar ese escenario, ya que protege fundamentalmente frente a restricciones impuestas por el Estado. El matiz importa porque no todos los estadios de la gira están en la misma situación ya que buena parte de los recintos de la NFL son de titularidad pública o dependen de autoridades estatales, y ahí el análisis constitucional cambia.

Para artistas, agentes y promotores queda una cuestión bastante práctica. Si un recinto puede poner en riesgo una fecha por lo que hace o dice uno de los artistas del cartel, conviene saber antes de salir de gira quién tiene contractualmente la última palabra. Y también quién asume las consecuencias económicas si llega el veto, si el artista conserva su fee, si el promotor puede resolver el contrato o quién responde por los costes derivados de la cancelación.

Foto de portada: © Markus Felix | PushingPixels 

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